LLÁMAME PAZ
Sobre el tímido aliento que imprimen los días grises
una frágil eternidad se posa entre los párpados debilitados por la memoria.
Hoy es el día.
Aunque el mundo se derrumbe, llámame paz.
He abandonado el yelmo y la espada en un recodo del camino,
el acero voraz del verbo en todas sus conjunciones.
He conseguido ser un punto y final sobre el tiempo impenetrable de los adjetivos suspensivos.
Es necesario vestirse con las fibras del dolor
para alcanzar la gloria de los invisibles, de los justos herederos del silencio.
Y así, he llegado el límite del aliento en la inmortal luminiscencia del olvido.
Aunque mi alma siga batallando en las afrentas que le impone el destino,
hoy es el día.
Llámame paz.


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